lunes, 20 de julio de 2009
Mi Dulce Efecto Marrón 3!
Y así fué, el primer día fue fenomenal, le dejé a petición suya en su móvil mi correo electrónico, me pareció algo totalmente raro pero al final acepté y lo hice. Era domingo, mi cuarto estaba impregnado del olor de la mala noche (que en realidad fue una buena noche, por razones totalmente obvias), me levanto con unas ganas terribles hidratarme, enciendo la pc y bajo a comprar un sporade heladito con sabor a maracuyá, me conecto al messenger y noto que casi nadie interesante está conectado, reviso algunas páginas deportivas, leo algún blog desconocido ya para eso el reloj para eso marcaba casi las catorce horas y justo cuando me invadía el sueño, la pereza, el desgano y las ganas por seguir durmiendo, alguien me agrega como un nuevo contacto, sorpresa, si señores, era ella, el mismísimo y dulce efecto marrón, el reloj marcaba casi las catorce horas con trece minutos, la saludé, nos saludamos y empezamos a chatear horas de horas, nos comentamos las fotos de nuestros hi5s, nos prometimos quien dejaba más comentarios, creo que le gané por un par de comentarios al final, ya para eso el reloj nos daba las siete de la noche y nosotros seguíamos en la danza del chateo, simplemente conociéndonos e indagando un poco más sobre nosotros. Las ocho, las nueve, las diez, las once y recién me he dado cuenta que no cené, pero que rápido se paso el tiempo a su lado, el tiempo no existía, solo existía el goce de saberla cada minuto mas y mas. Mi mundo se detuvo al cien por cien ese memorable día, mi pensamiento volaba hacia ella, mis ganas querían verme a su lado, mis sueños querían ser con ella, mis momentos querían volar con ella, mi tiempo quería su cándida compañía, mis metas querían formar parte de ella y mi vida quería terminar en ella. Creo que tan grande fue mi lasitud que cerca de las doce de la medianoche terminé en los brazos de morfeo, tratando de robarle un sueño con mi dulce efecto marrón. Fuck! Amaneció, es lunes y esta vez he decidido que, a la rutina del levantarme a las ocho de la mañana, del salir de la cama apresurado, del ir contra el tiempo a la ducha, del cepillarme los dientes como un loco, del tomar un desayuno a la ligera, del tomar un taxi rogando que llegue en un par de minutos a mi trabajo, simplemente le diré Good Bye, porque ahora es el efecto marrón, el motivo por el cual le ha dado un notable sentido a mis ganas de ver y de continuar con este predecible viaje al que simplemente le llamo vida.(...)
sábado, 18 de julio de 2009
Mi Dulce Efecto Marrón 2!
El baile acabó y no quería que esa burbuja se rompa con el término de la rola, quería prolongar el tiempo con ese pegajoso y movido tema, pero me quede tan pasmado contemplando al dulce efecto marrón, que ni siquiera pude llegar a preguntarle su nombre o como había llegado a la fiestecita chic, que se yo, entre mil preguntas que del momento pueda llegar a formularle. Ella se fue al término de la canción y mi mente se quedó en blanco por unos minutos, simplemente dejé escapar al divino efecto marrón de mi insegura esfera de dominio. Llegué a mi grupo un tanto perplejo y motivado, y le pregunté al buen amigo Raúl Porcina, si conocía al famoso efecto marrón y simplemente me dijo que nunca la había visto en su vida. Mi curiosidad por saber su identidad, aquella noche creció de una manera exorbitante, hasta que, casi una media hora después de la furtiva danza, la vi nuevamente pasar delante de mis dormidos ojos y me prometí esa misma noche, que no descansaría hasta que este llegue a formar una parte inherente a mí. Y así fue, nuevamente la invité a danzar y me arriesgué a preguntarle su nombre y a pedirle su número telefónico y para mi suerte, las cosas salieron esa noche de maravilla. Nuevamente estuve dentro de una burbuja mágica, flotando levemente por la atmósfera y no era para menos, ya sabía su nombre y sobretodo ya tenía su número. Sentía en esos momentos que caía sobre mi alma una lluvia dulce y fina que se fue cristalizando en una nieve delgada y fría, era una sensación indescriptible y muy emocionante. Nuevamente mis ojos captaban terriblemente el resplandor que emanaban de sus ojos, y ella pues ni enterada. Bastaba mirarla, contemplarla en secreto para darme cuenta que ella era la persona con la cual quisiera envejecer y aun así tengo la plena convicción que de anciano estaré loco por ella, por mi famoso efecto marrón. A pesar del evidente ruido, observaba que en lo más profundo de mi alma se escuchaba un leve e inquietante sonido, un sonido hecho de la misma naturaleza que el silencio y que simplemente me está alertando sobre la existencia de un ser maravilloso. He decidido seguir simplemente lo que me dice mi voz interior, la buscaré, la miraré, la saludaré, la trataré, la conoceré, la enamoraré, la respetaré, la consentiré, la amaré y la dejaré que forme parte de mi pequeña vida bohemia con mínimos brotes de cuestiones académicos. He despertado, en mi cuarto reina el olor a cigarros y alcohol, me siento cansado, con dolor de cabeza, la lengua reseca, un evidente malestar, pero justo cuando recordé lo que me pasó la noche anterior, me sentí un hombre nuevo y con muchas ganas de ir en busca del brillo que expiden sus lindos ojos. (…)
jueves, 16 de julio de 2009
Mi Dulce Efecto Marrón!
He dejado a mis anteriores escritos a medio culminar y sin publicar (espero no se resientan conmigo), debido a esta vez tengo una razón notable y extremadamente poderosa para no poder continuar con el desarrollo de los mismos, lo siento por aquellos dos escasos lectores que esperaban el siguiente escrito. En fin, quiero empezar a compartir con ustedes, lo que me sucedió a partir del 04 de Julio del presente año, bueno la verdad, no tiene nada que ver con “El Comité de los Cinco”, me refiero por mi buen amigo Benjamin Franklin, mi ex vecino John Adams, el loco de Thomas Jefferson, mi buen amigo Roger Sherman y el extravagante y notable Robert Livingston, a quienes se les encargó la elaboración de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, en fin ya no quiero entrar en más detalles, una porque me veo muy limitado para poder explicar un tema del cual conozco muy poco y otra porque me interesa tanto como saber a qué hora despertaré al día siguiente.
En efecto, lo que me pasó ese día, fue algo “aparentemente” normal, común, quizá algo ordinario para los ojos del resto, pero lo que si realmente puedo afirmar que me pasó ese día, fue que conocí, gracias a mi buen amigo Raúl Porcina, en una fiestecita con rescatables chispazos de ser una fiestita chic, amena y acogedora conforme pasaba lentamente el tiempo; al famoso EFECTO MARRON e hizo que en forma inmediata e inexplicable, mi corazón se detuviera por algunos marcados segundos. De pronto sentí al mundo que giraba a mi alrededor como se detenía al ver pasar al famoso efecto delante de mis atónitos y desubicados ojos. Nuestras miradas se cruzaron fugazmente en el trascurso de la fiestecita con aires chic y de pronto sentí que era el efecto marrón lo que siempre esperé desde el primer minuto en el que nací, me quedé pensando en ella un buen momento, me quedé pensando en invitarla a bailar, pensé en un futuro desplante de su parte, pensaba muchas cosas y cuando me dí cuenta, mis pies me había llevado por inercia al lugar donde ella se encontraba, la miré y la invité a bailar, no sé realmente como llegue hacia ese bendito lugar, pero sentía que una extraña fuerza me animaba e impulsaba para hacer lo que hice, sacarla a bailar. Bailas? Le pregunté y de inmediato me di cuenta que el efecto marrón de sus ojos eran tan ciertos como divinamente encantadores, simplemente el efecto marrón de sus ojos se convirtieron en el primer y en el último pensamiento de esa fabulosa noche, creo que del cielo me enviaron un presente divino: El amor. Mientras bailábamos al compás de una pegajosa canción de moda, mis ojos no dejaban de fijarse en los suyos, llegué a pellizcarme a escondidas, para darme cuenta que lo que estaba pasándome en esos momentos, era completamente cierto. Esos escasos tres o cuatro minutos que apenas duró la canción, de pronto se transformó en el pequeño intervalo de tiempo más maravilloso de mi impredecible vida. Oh, dulce efecto marrón, cuando te volveré a ver, pensé. (...)
En efecto, lo que me pasó ese día, fue algo “aparentemente” normal, común, quizá algo ordinario para los ojos del resto, pero lo que si realmente puedo afirmar que me pasó ese día, fue que conocí, gracias a mi buen amigo Raúl Porcina, en una fiestecita con rescatables chispazos de ser una fiestita chic, amena y acogedora conforme pasaba lentamente el tiempo; al famoso EFECTO MARRON e hizo que en forma inmediata e inexplicable, mi corazón se detuviera por algunos marcados segundos. De pronto sentí al mundo que giraba a mi alrededor como se detenía al ver pasar al famoso efecto delante de mis atónitos y desubicados ojos. Nuestras miradas se cruzaron fugazmente en el trascurso de la fiestecita con aires chic y de pronto sentí que era el efecto marrón lo que siempre esperé desde el primer minuto en el que nací, me quedé pensando en ella un buen momento, me quedé pensando en invitarla a bailar, pensé en un futuro desplante de su parte, pensaba muchas cosas y cuando me dí cuenta, mis pies me había llevado por inercia al lugar donde ella se encontraba, la miré y la invité a bailar, no sé realmente como llegue hacia ese bendito lugar, pero sentía que una extraña fuerza me animaba e impulsaba para hacer lo que hice, sacarla a bailar. Bailas? Le pregunté y de inmediato me di cuenta que el efecto marrón de sus ojos eran tan ciertos como divinamente encantadores, simplemente el efecto marrón de sus ojos se convirtieron en el primer y en el último pensamiento de esa fabulosa noche, creo que del cielo me enviaron un presente divino: El amor. Mientras bailábamos al compás de una pegajosa canción de moda, mis ojos no dejaban de fijarse en los suyos, llegué a pellizcarme a escondidas, para darme cuenta que lo que estaba pasándome en esos momentos, era completamente cierto. Esos escasos tres o cuatro minutos que apenas duró la canción, de pronto se transformó en el pequeño intervalo de tiempo más maravilloso de mi impredecible vida. Oh, dulce efecto marrón, cuando te volveré a ver, pensé. (...)
jueves, 9 de julio de 2009
Maldita Noche 8...!
En fin, lo que más le gustó de esa linda morocha era la forma en que le hablaba, como aconsejaba a Rafael, creo que necesitaba a una persona que le diga lo correcto a estas alturas de su vida, los consejos eran tan buenos que decidió hacerle caso a la mayoría de ellos. Necesitaba Rafael de alguien como ella para que sepa donde realmente ir. Si tan solo la hubiese conocido un par de años atrás pensó, mi vida sería otra, tal vez hubiere dejado la carrera y me hubiese dedicado a lo que más me gusta, el escribir, pensó Rafael. En algún momento pensó que se dedicaba a ello, su vida sería más linda y menos rutinaria que ahora. Quizá no sería un hombre poderoso, que tiene el control sobre muchas cosas, que puede hacer y deshacer todo aquello que considere pertinente, tal vez no hubiere tenido un buen coche o quizá la casa más linda, pero lo que hubiere tenido al cien por cien era paz y felicidad; una palabrita tan ajena a el cómo difícil de alcanzarla. Rafael siempre ha pensado que no ha nacido para su carrera, siempre se inclinó por el escribir, hacer canciones, hacer música, parece que está abandonando esa idea, ahora recuerda la presión constante de sus padres al decirle que estudie economía, cosa que hizo al pie de la letra tan solo para hacer sentir bien a los mismos, evitando así futuras riñas. Rafael alguna vez le mencionó su afición por el escribir, pero como todo padre quiere lo mejor para su hijo, descartaron tajantemente esa opción por considerar que el escribir nunca llenaría los bolsillos de billetes a Rafael. Ahora el estimado se encuentra cursando el segundo años de economía y recién se anima a escribir, espero que no sea demasiado tarde pensó. En fin espero que no sea muy tarde para ello, pensó y pues, si ya lo es, a la mierda con todo, musitó. (...)
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