He dejado a mis anteriores escritos a medio culminar y sin publicar (espero no se resientan conmigo), debido a esta vez tengo una razón notable y extremadamente poderosa para no poder continuar con el desarrollo de los mismos, lo siento por aquellos dos escasos lectores que esperaban el siguiente escrito. En fin, quiero empezar a compartir con ustedes, lo que me sucedió a partir del 04 de Julio del presente año, bueno la verdad, no tiene nada que ver con “El Comité de los Cinco”, me refiero por mi buen amigo Benjamin Franklin, mi ex vecino John Adams, el loco de Thomas Jefferson, mi buen amigo Roger Sherman y el extravagante y notable Robert Livingston, a quienes se les encargó la elaboración de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, en fin ya no quiero entrar en más detalles, una porque me veo muy limitado para poder explicar un tema del cual conozco muy poco y otra porque me interesa tanto como saber a qué hora despertaré al día siguiente.
En efecto, lo que me pasó ese día, fue algo “aparentemente” normal, común, quizá algo ordinario para los ojos del resto, pero lo que si realmente puedo afirmar que me pasó ese día, fue que conocí, gracias a mi buen amigo Raúl Porcina, en una fiestecita con rescatables chispazos de ser una fiestita chic, amena y acogedora conforme pasaba lentamente el tiempo; al famoso EFECTO MARRON e hizo que en forma inmediata e inexplicable, mi corazón se detuviera por algunos marcados segundos. De pronto sentí al mundo que giraba a mi alrededor como se detenía al ver pasar al famoso efecto delante de mis atónitos y desubicados ojos. Nuestras miradas se cruzaron fugazmente en el trascurso de la fiestecita con aires chic y de pronto sentí que era el efecto marrón lo que siempre esperé desde el primer minuto en el que nací, me quedé pensando en ella un buen momento, me quedé pensando en invitarla a bailar, pensé en un futuro desplante de su parte, pensaba muchas cosas y cuando me dí cuenta, mis pies me había llevado por inercia al lugar donde ella se encontraba, la miré y la invité a bailar, no sé realmente como llegue hacia ese bendito lugar, pero sentía que una extraña fuerza me animaba e impulsaba para hacer lo que hice, sacarla a bailar. Bailas? Le pregunté y de inmediato me di cuenta que el efecto marrón de sus ojos eran tan ciertos como divinamente encantadores, simplemente el efecto marrón de sus ojos se convirtieron en el primer y en el último pensamiento de esa fabulosa noche, creo que del cielo me enviaron un presente divino: El amor. Mientras bailábamos al compás de una pegajosa canción de moda, mis ojos no dejaban de fijarse en los suyos, llegué a pellizcarme a escondidas, para darme cuenta que lo que estaba pasándome en esos momentos, era completamente cierto. Esos escasos tres o cuatro minutos que apenas duró la canción, de pronto se transformó en el pequeño intervalo de tiempo más maravilloso de mi impredecible vida. Oh, dulce efecto marrón, cuando te volveré a ver, pensé. (...)

1 comentario:
Espero q mis ojos marroncitos produzacan el mismo efecto en mi amorcito lindo.
me gusto mucho.
solo recomendaciones.
no des muchas vueltas, sé directo
frases cortas y buen humor!
Cuidate
claudia pkdo
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