Mi vida veía como los últimos granitos de arena del reloj con el mismo nombre caían y caían, sabía que los tiempos de permanencia de mi madre y mi padre junto a mi, rozaban el amargo final y sobretodo sabía que nuevamente llegaría la rutina de una vida sin su compañía, sin sus gritos, sin sus preocupaciones extremistas, sin sus muecas, sin sus risas, sin sus ocurrencias, sin sus abrazos, sin sus consejos, sin sus invitaciones para ir almorzar en algún lugarcito “chic” (detesto esos lugares), en otras palabras de una vida sin ellos. El momento llegó y en el momento menos esperado me encontraba con mis padres en el terminal y fue allí donde me disfracé del ser más fuerte del mundo, para no quebrarme ni explotar en llanto, con el fin de no ver a mi madre como yo, triste ante su eminente partida, fue la noche más fría de este insípido verano en mi vida; llegué a casa cabizbajo y consternado por tal situación, entro a mi cuarto y al instante me meto a la cama, me importo un carajo el dejar la luz prendida y sobre todo el dormir con la misma ropa con la que me fui a despedir a mis padres. Amaneció y no tardó el día en recordarme, ni bien percibieron mis legañosos ojos luz, que mis padres no estarían un buen tiempo a mi lado. Asumí que esa situación era parte de la vida, que la tristeza y la alegría son emociones que forman parte de tu vida, tan solo era cuestión de aprender a convivir con ellas, pensé. Es lunes y recién me doy cuenta que el tiempo que pase junto a ellos fue corto y el tiempo para mis intereses fue extremadamente largo, no me preocupe por buscar un trabajo, no me preocupe por mi futuro, no me preocupe por mi vida … no lo hacia por k sentía k mi vida eran mis padres y sentía que me habían devuelto la misma al regresar después de mucho tiempo a mi lado. Han pasado casi ya un par de semanas de su ausencia y me he dado cuenta que ese mes que estuvieron junto a mi, fue suficiente para poder acostumbrarme a ellos, ahora me veo en la necesidad de llamarlos para recordarles que aun es difícil poder asimilar la magra sensación de saberlos lejos de mi, quedándome solo el consuelo y la esperanza de vernos próximamente que me brindan a través de un mass media. Las llamadas acaban y comienzan a llegar lentamente los recuerdos que pase junto a ellos, junto a mi cabecita de brócoli y a mi fiel amigo, my dad. Es hora de despertar de esas miríficas vivencias y ponerme el traje en la piel y salir a lidiar con lo que me depara el futuro.
Señor Ramón las disculpas del caso, porque le había prometido que el siguiente escrito estaría dedicado para Usted, pero creí conveniente seguir con la secuencia del escrito anterior. Lo tendré en cuenta para la próxima publicación. Mis saludos a la corta distancia.
Pd: No se aceptan chantajes ni con los no menos famosos crocantes de fresa ni con las irresistibles mollejitas de San Andres … no no Ramón, Coca Cola helada tampoco, ni lo piense, ni lo imagine y menos lo sueñe que trataré de seguir firme con mis endebles y grises convicciones. Soooooooorry! Muajajaja!

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