domingo, 28 de junio de 2009
Maldita Noche 7...!
Ha sonado varias veces el teléfono, tan grande fue su lasitud que no contestó ni una sola llamada, menos se dignó en saber quien era la persona o personas que llamaban. Tocaron la puerta de su cuarto un par de veces avisando que la cena estaba lista, hizo caso omiso a ese llamado y decidió que lo mejor de todo era aplicar una pequeña cura de sueño. La vida de Rafael apuntaba a varias cosas, principalmente a tener una banda de rock, tocar, tocar y tocar, no por lucro sino porque se sentía bien haciéndolo. Por ahora esperaba con sensatez ese momento. Mierda son las once de la noche, gritó, no he cenado, dejó de hacer muchas cosas, tan solo por echarse a descansar y dejar salir su alma, dejar escapar aquella parte de su cuerpo que aun considera libre. Ni la idea del hambre rondó por su mente, su pereza disuadió ese concepto. Una fresca sensación de amanecer invadió su cuerpo, abrió los ojos a media luz y descubre que efectivamente había amanecido, creo que estoy enfermo, pensó. Tan solo le daban ganas de dormir, de holgazanear, de ronronear y de escuchar música y por supuesto de alimentarse cosa que hacía solo cuando tenía hambre. Que rico que es esto, el tirarse a la cama, al olvido sin tener en cuenta ninguna preocupación, sin tener que pensar en las clases, en los amigos, en las salidas, en sus noches de bohemia, en todo, en su vida. Espero quedarme así por buen tiempo, pensó, por el fuera por toda su vida. Rafael recordaba que hace algunos años atrás empezaba a salir con una chica, una linda morocha curvilínea, radiante y espectacular, la idea de esa chica se le vino a la mente porque era realmente difícil dejar de pensar en esa chica, recordaba que la conoció el día de su cumpleaños, se llamaba María de Jesús, ese día se hicieron buenos amigos, la química fue tan buena entre ambos que Rafael seguro moría por verla todos los días de su vida, tan solo para poder contemplarla y pasar momentos gratos y agradables al lado de esa belleza de mujer. María de Jesús era directa en decir las cosas, centrada, inteligente, sencilla, alegre y sobre todo divina. Cierta vez, salieron de paseo rumbo a una playa, ya en el trascurso hacia la misma, Rafael la miraba a cada instante por el rabillo del ojo, no podía dejar de mirarla, mientras que la linda morocha estaba preocupándose por el cuidado de sus uñas. En la playa, ya instalados en un pequeño restaurant, Rafael nuevamente se quedo pasmado en ella, pero esta vez estaba mirando aquellos rizos tan bien formados que volaban y se meneaban al ritmo de la fuerza del viento. Rafael solo esperaba que no se hubiese dado cuenta de aquella fijación que a su parecer resultó tan evidente como obscena. Rafael pensó, creo que María de Jesús esta sospechando que me estoy volviendo loquito por ella, que me estoy enamorando, tal vez tenga razón, creo que estoy confundido, pensó. Fue poco tiempo que estuvieron en ese trance, fue algo mirífico e indescriptible, Rafael esperaba que todas las chicas fueran como ella, creía que lo anteriormente descrito era una verdadera utopía, en algún momento pensó que estaba perdidamente enamorado de ella, pero poco a poco se fue dando cuenta que las cosas no eran como realmente el esperaba. Esa morocha tan linda simplemente debe ser mi amiga, tal vez sea mas que un amigo pero siempre seré menos que un amor para ella. Tal vez nunca se animó a decirle nada porque pensaba que se iba a ver afectada la relación amical entre ambos, quizá por eso nunca se atrevió a manifestarle su amor. Rafael llegó a pegarse tanto con ella que había descuidado muchas cosas, como por ejemplo el llamar a sus padres, a sus amigos, en reunirse con ellos, en visitar a su enamorada, enamorada?. Ahora recuerda, tiene enamorada, vaya memoria! musitó.
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